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«La fiesta de la banana”: tradición, memoria y solidaridad en Annobón

Cada 15 de mayo, en San Antonio de Palé, la isla de Annobón transforma la celebración de San Isidro Labrador en una de las expresiones culturales y comunitarias más significativas: “la fiesta de la banana”. Más que una festividad agrícola, esta tradición recuerda los años de hambre y resistencia que vivió la isla durante la crisis alimentaria de 1996 y 1997, cuando la banana se convirtió en el alimento que sostuvo a toda una población.

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En Annobón, San Isidro Labrador adquiere un significado especial. Allí, la celebración religiosa se fusiona con la memoria colectiva y recibe el nombre de “la fiesta de la banana”, una tradición que honra tanto la agricultura como la solidaridad del pueblo annobonés.

El origen de esta celebración se remonta a los años 1996 y 1997, una etapa marcada por una grave escasez de alimentos en la isla. En aquel periodo, una plaga de gusanos conocida localmente como “biji Bancu” destruyó gran parte de los cultivos tradicionales, afectando especialmente productos básicos como la malanga, el ñame y otros tubérculos.

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En medio de aquella crisis, el único cultivo que logró crecer en buenas condiciones fue la banana, conocida en la lengua local como “djangadjapi”.

Con el tiempo, la banana pasó de ser un simple alimento a convertirse en un símbolo de vida, resistencia y esperanza para toda la comunidad. Por ello, se organizó una misa de acción de gracias en honor a Mene Mbó Nen, recordado como la primera persona que introdujo la banana en la isla. Según la tradición oral, Mene Mbó Nen trabajaba en los barcos de aquella época y llevó los primeros platanales a Annobón, plantándolos en la zona de Matabobo. Cuando aquellos cultivos dieron frutos, toda la población acudió a contemplarlos, sin imaginar que años más tarde serían esenciales para la supervivencia del pueblo.

Actualmente, cada 15 de mayo, la población de San Antonio de Palé se reúne en la plaza principal para conmemorar esta historia. Las familias participan llevando alimentos cocinados y productos agrícolas crudos. La comida preparada se comparte entre todos los asistentes en un ambiente de fraternidad y unión comunitaria, mientras que los alimentos sin cocinar se reúnen para ser distribuidos entre las personas no oriundas de la isla que residen en la ciudad, como profesores, miembros de la brigada médica cubana, militares y extranjeros residentes.

La ceremonia comienza con una bendición sacerdotal y la participación de autoridades y habitantes de la localidad. Uno de los elementos más representativos de esta festividad es la manera tradicional de compartir los alimentos: se come con las manos, sin cubiertos, y la comida se sirve sobre hojas de banana, que funcionan al mismo tiempo como plato y mantel.

Más allá de la celebración religiosa, “la fiesta de la banana” representa hoy un acto de memoria histórica y de reafirmación cultural. La tradición mantiene vivo el recuerdo de los tiempos difíciles que atravesó Annobón y resalta valores profundamente arraigados en la identidad del pueblo annobonés, como la solidaridad, la hospitalidad y la capacidad de resistencia ante la adversidad.

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